domingo, 23 de mayo de 2010

jueves, 18 de marzo de 2010

Yo y mi padre

Lloro con todo, puedo afirmar que soy una llorona nata, las películas, las expos, los libros, la música, los amigos, los secretos, las confesiones, las alegrías, las miradas, lloro por todo o por casi todo; menos en los velorios o al lado de una cama de hospital, a veces siento culpa por no ser vulnerable a ello e intento recordar todo aquello que me ha hecho llorar, pero es imposible.

En cambio mi padre nunca llora. Es un hombre que le gusta mostrarse inquebrantable, sus sentimientos son fríos y sus palabras altaneras, sólo se le ve con un pañuelo en el rostro cuando se limpia el sudor de la frente producido el sol. Pero es otro hombre en los velorios o al lado de una cama de hospital; se descompone toda su firmeza, incluso su cuerpo cambia,se vuelve tibio y blando, su voz recupera su timbre cálido y es franco en sus acciones y en sus palabras.

Esas son las únicas veces que lo amo de verdad, que me provoca abrazarlo y tratarlo como mi papá y no como mi padre. Hoy es uno de esos días; su hermano está muriendo y yo cada vez estoy más convencida que, de alguna manera, a mi padre le sienta bien la muerte.

martes, 16 de marzo de 2010

Por que un gif siempre es mejor

Sí lo pasamos bien este puente, nos divertimos mucho. Fuimos al Centinela de pic-nic para celebrar el cumpleaños de Ali y Samara, pero dios! cuando viene la revisión de las fotografías se vuelve todavía más divertido de lo que fué su captura. Bueno, ya está.

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viernes, 12 de febrero de 2010

Me contactó un supuesto primo de la familia Roseyón. Dice que su abuelo es hermano de mi abuelo, él vive en Monterrey. Y yo trato de identificarme con sus rasgos físicos mediante las fotos que tiene en facebook. Todo es tan emocionante y tan extraño. No tengo la seguridad de que realmente seamos familia. Él dice que mi abuelo se llama Alejandro... y de repente me dí cuenta que nisiquiera conozco el nombre de mi abuelo. De alguna manera... no lo sé todo es tan confuso

viernes, 29 de enero de 2010

627467

Ay dios, cuando ví nuestro nombre (por que no es el mío es el nuestro) en ese recuadrito del periodico, me eche a llorar cual reina de belleza... qué sentimiento tan bello.

lunes, 25 de enero de 2010

Esos libros que nunca deberían de terminarse.

Mostramos menos de lo que somos porque no hay tiempo, porque no hay oportunidad porque no hay confianza. Sabina (Milan Kundera) asevera; cuando hemos perdido la intimidad lo hemos perdido todo, mientras su amante cita a André Bretón; la vida debería de ser como una casa de cristal. Dicen que los extremos no son buenos, me niego a creerlo así. A mi me gusta estar en ambos lados a diferentes tiempos. Y es que es eso que menos mostramos lo que distancia nuestras diferencias y nos hace más próximos. Pero...

A veces pienso que perderlo todo me acerca a algo más profundo, más bello y más amplio (Jung), pero también pienso como Sabina que el mantener algunas cosas en secreto me libera más de lo que me ata, es esa seductora búsqueda de la liviandad; negarse a la materia, a la fuerza de gravedad, salirse de éste mundo. Eso es lo que yo pienso. Ya veo a mi ex terapeuta diciendo que esta dualidad es el principio de la neurosis, a mi eso ya no me importa, hace tiempo que deje de creer en los terapeutas.

(Esto es lo que soy y nada más.)

jueves, 21 de enero de 2010

Estoy sola

Lua y sus amigos imaginarios

(Hace mucho que no dibujaba tonterías, en realidad hace mucho que no dibujaba. El gato con cara torcida es Totó, un gato callejero va por las noches a visitar a Lua -la gata gorda del centro, mi gata- y es el único amigo gatuno que le conozco, todos los demás son imaginarios; el sujeto calvo es un fraile que se encarga de cuidarlos a todos y se la pasa suspirando y el del sombrero es muy guapachoso y canta y toca la marimba para animarlos a todos.)

Extraño los secretos, contar con la voz entrecortada los sueños más reveladores y vergonzosos que he tenido, aguardar en silencio y recibir otro a cambio. Extraño pronunciar los secretos que guardamos desde infantes, vernos de pronto liberados de su peso. Extraño que me adviertan con voz silenciosa “no se lo vayas a contar a nadie” y decir lo que nunca antes habíamos dicho, lo que ni siquiera nos habíamos atrevido a escribir. Extraño tumbarme en la hierba y dejar que otro cuerpo me rodee, pasar la tarde en la rama de un árbol, reírme hasta el dolor por las cosquillas, escuchar canciones en la radio. Parece extraño, pero a veces pienso que son cosas que nunca más volverán a ocurrir.